UN SILVIDO UN
PIROPO
Mi amiga Karen, apurada ella pues el Bus que la llevaba a su
centro de trabajo no la había recogido, con una minifalda de infarto (micro
falda como se le conocía), y tacones 9, caminaba presurosa hacia el edificio
donde laboraba en la Base Naval, cuando escucha
un silbido de piropo y la respuesta de más de cincuenta silbidos, a lo
que ella voltea asombrada y se encuentra con que se trataba de un pelotón que
regresaba de sus ejercicios a la Base, roja ella por el piropo recibido volteo
rápidamente y vio que se trataba de un grupo numeroso de marines que realizaban
sus ejercicios rutinarios por lo cual apresuro el paso pero, grande fue su
sorpresa al escuchar que el monitor empieza a cantar:
“Que linda piernas,”
decía el jefe, el grupo respondía cantando… “que lindas piernas”,.. “que tiene
esa joven”, respondían “que tiene esa joven”…
“y que caminar,”, respondían “y que caminar”… “tan cadencioso”, respondían
“tan cadencioso”…
Repitiendo esta frase mientras pasaban por su lado, Karen
llego a la oficina agitadísima y conto lo que le había pasado, la mayoría de
las chicas solo dijeron un ¡Umm!, y a sus espaldas “creída, que buena
imaginación”. Tuvieron que tragarse sus palabras pues, el comentario de los que
presenciaron el hecho lo confirmó.
Al poco tiempo para Navidad salimos tarde y perdimos el Bus
de salida de la Base, aprovechando para dar un paseo ya que no conocíamos nada
pues, llegábamos directamente a nuestras oficinas, cuando observamos un grupo
numeroso de trabajadores, tratamos de dar vuelta pues todos eran hombres, pero
una voz por el micrófono nos invitó a subir al estrado, por indicación del
Comandante de la Base que advirtiendo nuestra presencia quiso que nosotras extrajéramos
los números premiados para los trabajadores.
No tuvimos alternativa y subimos
al escenario, ambas con minifalda y tacones, recibiendo un sonoro silbido de piropo, sí que se siente bien recibir ese halago, que más que nada fue por
Karen, que la verdad tenía unas hermosas piernas.
Al término de dicho evento el Comandante nos invitó a
almorzar en agradecimiento a nuestra colaboración, llegando así a un
Restaurante de la Av. La Marina, que estaba lleno de militares, celebrando las
Navidades, es aquí que el Comandante conocedor del suceso del pelotón, que le
hizo una arenga a Karen, divisó al monitor responsable y lo llamo a la mesa presentándonoslo
y haciendo hincapié en Karen, agradeció el subalterno y se retiró.
Diego que así se llamaba el subalterno, había quedado impactado
con la figura de Karen, al fin logro
conocerla aprovechando para lograr su amistad, con el pasar del tiempo fueron
enamorados.
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