miércoles, 27 de febrero de 2013


UN SILVIDO UN PIROPO


Mi amiga Karen, apurada ella pues el Bus que la llevaba a su centro de trabajo no la había recogido, con una minifalda de infarto (micro falda como se le conocía), y tacones 9, caminaba presurosa hacia el edificio donde laboraba en la Base Naval, cuando escucha  un silbido de piropo y la respuesta de más de cincuenta silbidos, a lo que ella voltea asombrada y se encuentra con que se trataba de un pelotón que regresaba de sus ejercicios a la Base, roja ella por el piropo recibido volteo rápidamente y vio que se trataba de un grupo numeroso de marines que realizaban sus ejercicios rutinarios por lo cual apresuro el paso pero, grande fue su sorpresa al escuchar que el monitor empieza a cantar:

 “Que linda piernas,” decía el jefe, el grupo respondía cantando… “que lindas piernas”,.. “que tiene esa joven”, respondían “que tiene esa joven”…   “y que caminar,”, respondían “y que caminar”… “tan cadencioso”, respondían “tan cadencioso”… 

Repitiendo esta frase mientras pasaban por su lado, Karen llego a la oficina agitadísima y conto lo que le había pasado, la mayoría de las chicas solo dijeron un ¡Umm!, y a sus espaldas “creída, que buena imaginación”. Tuvieron que tragarse sus palabras pues, el comentario de los que presenciaron el hecho lo confirmó.

Al poco tiempo para Navidad salimos tarde y perdimos el Bus de salida de la Base, aprovechando para dar un paseo ya que no conocíamos nada pues, llegábamos directamente a nuestras oficinas, cuando observamos un grupo numeroso de trabajadores, tratamos de dar vuelta pues todos eran hombres, pero una voz por el micrófono nos invitó a subir al estrado, por indicación del Comandante de la Base que advirtiendo nuestra presencia quiso que nosotras extrajéramos los números premiados para los trabajadores.

No tuvimos alternativa y subimos al escenario, ambas con minifalda y tacones, recibiendo un sonoro silbido de piropo, sí que se siente bien recibir ese halago, que más que nada fue por Karen, que la verdad tenía unas hermosas piernas.

Al término de dicho evento el Comandante nos invitó a almorzar en agradecimiento a nuestra colaboración, llegando así a un Restaurante de la Av. La Marina, que estaba lleno de militares, celebrando las Navidades, es aquí que el Comandante conocedor del suceso del pelotón, que le hizo una arenga a Karen, divisó al monitor responsable y lo llamo a la mesa presentándonoslo y haciendo hincapié en Karen, agradeció el subalterno y se retiró.

Diego que así se llamaba el subalterno, había quedado impactado con la figura de Karen,  al fin logro conocerla aprovechando para lograr su amistad, con el pasar del tiempo fueron enamorados. 

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